En Brasil se castigarán los actos de homofobia

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  • 17 junio, 2019
  • Por jkasq
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En Brasil se castigarán los actos de homofobia

El tribunal supremo de Brasil, ha dado un paso importante para la comunidad LGTB. Este jueves, tomó la decisión de que los actos de homofobia y transfobia sean considerados delitos; tendrán el mismo trato penal que el racismo, con penas de hasta cinco años de prisión.

Sin embargo, ante la decisión del Supremo, Bolsonaro dijo que dicha resolución perjudica a la propia comunidad LGBT y genera un conflicto en la esfera penal.

«La decisión del Supremo fue equivocada»; afirmó el presidente durante un desayuno con periodistas que cubren el Palacio del Planalto.

También, argumentó que ahora una persona LGBT puede tener más dificultad en encontrar trabajo; pues el jefe se asustará con la posibilidad de ser falsamente acusado de discriminación, si el futuro empleado es despedido un día. El presidente llegó a decir que el Supremo ha creado «una escisión de lucha de clases».

Recordemos pues, que el presidente Jair Bolsonaro, ya se declaró, en el pasado, un «homófobo orgulloso».

El presidente, encuentra eco entre diputados conservadores que ven en los avances de leyes de protección a los homosexuales un sesgo ideológico. Quien también se ha mostrado contrario a la decisión, ha sido el diputado estatal Carlos Jordy (PSL-RJ).

«Lamentablemente la decisión del Supremo, el activismo judicial llegó a su punto álgido, y ya comenzó la cacería ideológica de la patrulla del activismo LGBT, pronto habrá activistas en iglesias buscando criminalizar la fe cristiana», escribió en Twitter Carlos Jordy.

Por su parte, la diputada federal María del Rosario (PT-RS) dijo: «La homofobia es un crimen»; y sobre la sentencia del Supremo mencionó: «Durante años luchamos para que este día llegara”. La diputada, también tuvo otra razón para celebrar ese jueves.

Poco antes de la decisión del Supremo; Bolsonaro publicó en su twitter una petición de disculpas, por las palabras dirigidas a la diputada en 2014; en donde dijo que María del Rosario «no merecía ser violada» por ser «muy fea»; porque ella «no es” su «tipo».

La decisión del Supremo de criminalizar la homofobia, se produjo tres semanas después de que el Ejecutivo eliminara las responsabilidades relacionadas con la comunidad LGTB del Ministerio de Derechos Humanos; y poco después que Bolsonaro dijo que Brasil no debe convertirse en un «paraíso del turismo gay».

En un país profundamente religioso, donde tanto la Iglesia católica como los movimientos populares evangélicos son muy críticos con los derechos LGTB; la sentencia del Supremo aclara que permitirá a los practicantes de todas las religiones manifestar su oposición a las relaciones homosexuales, siempre que sea «de acuerdo con sus libros y códigos sagrados » y no se incurra en la discriminación.

Según datos del Grupo Gay de Bahía (GGB), la más antigua asociación brasileña en pro de los derechos de la comunidad; debido a la homofobia, al menos 320 personas LGBT murieron en el país en 2018 y 126 asesinatos ya se registraron hasta junio de 2019. Entre el 2011 y el 2018, el país registró una muerte por homofobia cada 16 horas; de acuerdo con un informe solicitado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que reunió denuncias de asesinatos contabilizados por el Disque 100 (un canal que recibe denuncias de violaciones de derechos humanos), por el GGB y por la asociación internacional Transgender Europe.

Brasil, es el país más peligroso del mundo para ser transgénero, según el proyecto Trans Murder Monitoring; al menos 167 personas asesinadas en los 12 meses anteriores a septiembre de 2018. Hoy en día, la expectativa de vida de una persona trans o travesti es de 35 años.

Sólo en 2019, el número de asesinatos como consecuencia de la transfobia (odio o aversión a la identidad de género) ya ha llegado a 123; siendo 65 asesinatos de travestis y 53 de mujeres transexuales, según un informe del GGB.

«La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para los seres humanos; para la autodeterminación de decidir su propia vida y buscar la felicidad», afirmó el juez Gilmar Mendes, durante la votación en el Supremo.

También fue el Supremo, el que legalizó el matrimonio homoafectivo el 2013.

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